¿Has renunciado a tus sueños?

“Vivimos a la altura de nuestras limitaciones y no de nuestras posibilidades”   Mario Alonso Puig

Quizás siempre fui un prototipo de sexóloga en ciernes. Recuerdo que, a la edad de tres añitos, mis padres nos castigaron, a mi vecino de 4 años y a mi, porque debíamos estar jugando a los médicos. Nunca entendí porqué me impedían verle si para mi era una persona tan importante en mi vida. A los 9 años, esta vez fue mi abuela, volví a ser castigada tras haberla explicado cómo un óvulo se unía con un espermatozoide para que se desarrollase un feto. Para ella la cigüeña seguía volando desde París en vuelo charter. A los 11 años cayó en mis manos un libro que me cameló y fue mi primera inmersión en el arte de comunicar lo poco que cada noche aprendía en los retazos de las sábanas. El libro se llamaba “AMANTES”. Con el tiempo y el estudio he sabido que leía un libro más de ficción que de realidad, pero alojó en mi cerebro palabras como “masturbación, orgasmo, placer, clítoris…”. Palabras que nadie se había detenido a comentarme. Pero, ¿qué quiero contarte con esto?

A lo largo de nuestra vida podemos encontrarnos con un público afín a nuestros saberes que quiere nutrirse de nuestros conocimientos, que nos impulsa y nos da aliento cuando no nos quedan fuerzas para respirar. Gentes muy diversas, en mentalidades y en profesiones, que quieren conocer más de su sexo, de su sexualidad y de su erótica, que han vivido encerrados en la oscuridad de la ignorancia y que por fin alguien les enseña. Esa imagen es prácticamente imborrable de tu memoria y provoca dependencia motivacional. Son ojos vivarachos que casi ni parpadean, que entreabren sus bocas al tiempo que piensan: “¿en serio que las mujeres podemos tener orgasmos?” Esos días, al principio, son escasos, por falta de oportunidades, aunque maravillosos.
La dificultad es que en la mayoría de las ocasiones debemos llamar “a puerta fría” para tratar de vender la oferta de lo que hacemos y lo que podemos llegar a hacer.

¿Has vendido alguna vez “a puerta fría”? Vender “a puerta fría” consiste, haciendo un burdo resumen, en llamar a las puertas de centros e instituciones que no sabemos si quieren o si precisan nuestra formación y tratar de convencerles, en menos de cinco minutos, de lo imprescindible que podemos resultar para su organización. Pongamos un ejemplo: llamas al cole más cercano de tu lugar de trabajo o de tu domicilio tratando de que te contraten para desarrollar el programa de educación afectivo-sexual en toda la educación secundaria.
Si esto fuera una casa de apuestas, lo inteligente sería poner todo tu dinero en la negativa a que vayas a poder conseguir la ineludible reunión. Los expertos en ventas y marketing dicen que hay que llamar a setenta puertas para que una, sólo una, te de la oportunidad de demostrar todo lo que vales. ¡Vamos a quedarnos sin nudillos! ¿Tirarás la toalla en la llamada “a puerta fría” número 27? Confío en que no.
¿Te imaginas que habría sucedido si el director de tu película favorita hubiera desistido cuando las circunstancias no pintaban como él esperaba? ¿O qué algún médico de urgencias o del hospital decidiese dejar de luchar ante un nuevo caso de un paciente crítico?

Por eso nosotros no podemos tirar la toalla. Uno tiene permiso para caer al suelo, que se tumbe incluso a descansar, tomar resuello y volver a levantarse. ¿Acaso crees que Albert Einstein formuló su Teoría de la Relatividad a la primera? La de pizarras que borraría, la de papeles que rompería y la de veces que desearía dejarlo todo. Mas no lo hizo, y tú tampoco vas a hacerlo.

Hoy te pido que trates de vender “a puerta fría”. Llama todos los día a 5 centros u organizaciones que se te ocurran y ofrece tu diferencia. Repite la acción cada mañana al levantarte. Recuerda que probablemente recibiremos una respuesta negativa, pero si la primera dice que “NO”, estamos a 69 más posibilidades de conseguirlo. Pilla la tarifa plana de tu compañía de móvil y no lo dejes para mañana. Toca hacerlo HOY. Y si, a pesar de hacerlo no te funciona, habrás descubierto que a vender todos hemos tenido que aprender.

Rosa Montaña

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