¡No Compitas en los Precios!

Recuerdo la primera vez que me llamaron para pedirme una cita para la consulta y oí la temida pregunta: “¿cuánto cobra por la sesión?”. Me quedé muda y con un susurro balbuceo pedí 30 euros por una sesión de 45 minutos. “¿Sí?, bueno pues no sé, lo voy a pensar, ya si eso le llamo y le pido cita”. Colgué la llamada y me quede pensando: “¿soy cara?, ¿cuánto debería cobrar?” No tenía la respuesta, por eso mantuve el precio, no sin sentirme incómoda cada vez que tenía que decir el precio de mis servicios.
Tarde mucho tiempo en darme cuenta que no depende tanto del precio que cobras sino del servicio que ofreces por dichos servicios.

¿Has entrado alguna vez a un centro de Nespresso? Aún sin gustarte el café te apetece probar uno. Un establecimiento en una zona chic de la ciudad, escaparates con tonos oscuros que dan prioridad a su producto. Todo perfectamente recogido: aroma de café recién hecho, unos dependientes amabilísimos que te atienden y resuelven todas tus dudas sin presionarte e incluso te invitan a un café a tu elección sin la obligación de tener que realizar compra alguna. ¿Cómo no vas a comprar? Te dan tus cápsulas en una cajita con la marca bien visible y una bolsa de alta gama, que te identifica, según vas por la calle, como a un miembro del club de los que saben elegir un buen café.

¿Les has visto alguna vez disputarse el precio con las cápsulas de Mercadona?

No les interesa. Son las más caras del mercado pero Nespresso no sólo vende el café, sino todo que le rodea: clase, elegancia, prioridad en el cliente, atención individualizada.. Es más, sus clientes target no consideran que sea un café caro, creen que lo merece.

Y esa es la CLAVE: EL PRECIO PUEDE SER CARO O BARATO DEPENDIENDO DE LO QUE OFREZCAS.

Si cobras 50 euros por una sesión de una hora por semana, y precisas que los clientes estén siete meses en terapia ¿es más o menos barato que alguien que cobra 100 euros la sesión de una hora cada 15 días con una media de 5 ó 6 sesiones?.

Lo que no PODEMOS NI DEBEMOS ES COMPETIR EN PRECIOS.

Si ante un mismo producto, pongamos la sesión de docencia de un centro de secundaria, yo ofrezco a 70 euros la sesión, y otro compañero la ofrece diciendo que va a realizar lo mismo a 50 euros la sesión, ¿se estaría realizando con el tiempo un favor así mismo o a ti? Si jugamos a precio, terminará viniendo otro compañero que le pedirán que lo dé por 30 euros, y cómo estará empezando aceptará, pero ¿crees que luego podrá subir los precios? ¿Quién pagará más si saben que lo hace por menos?

Al final la competencia por precio lo único que puede ocasionar es que ninguno tengamos capacidad de mantenernos por los precios que ofrecemos, cada vez más bajos, o que tengamos que trabajar 17 horas al día, perdiendo nuestro tiempo personal y familiar si cobramos poquito, y nuestro tiempo también debería tener un precio. El tiempo vale oro, porque no podremos recuperarlo aunque queramos.

Otro día nos plantearemos qué PRECIO poner por nuestros servicios y los cómos, pero hoy quiero que reflexiones en estas dos cuestiones:

  • ¿Qué servicios ofreces o te gustaría ofrecer en sexología?
  • Piensa en ti como una marca, como Nespresso: ¿qué sensación querrías que los clientes tuvieran de ti tras hablar contigo por teléfono o tras una primera sesión?

Tardé casi 7 años de mi vida profesional en que alguien me contara esto mismo con lo básico que parece, espero que no te haya sucedido a ti. Y si te ha pasado, aún estás a tiempo. Busca tu diferencia y pasa a la acción.

Rosa Montaña

¿Te ha gustado? ¡Compártelo!