¿Gerente o bombero?

Ocúpate de lo importante y no sólo de lo urgente

“Tu trabajo es descubrir tu trabajo y luego entregarte a él con todo tu corazón”
Rabindranath Tagore

¿Alguna vez te has levantado de la cama, te has tomado un café y, acto seguido, has dado rienda suelta a una de esas interminables listas con tareas para hacer en un solo día?
Entono el “mea culpa”: durante una etapa de mi vida formaba parte de mi ritual matutino. Me levantaba, despertaba la parte más racional de mi cerebro que aún dormitaba y pensaba en todo aquello que debía hacer. Sin doblegar el riñón era capaz de escribir una lista con al menos diez pendientes, de los cuáles, no menos de cuatro eran “fieles conocidos”. Llevaban conmigo meses, transitando de una página a otra, recordándome mi incompetencia para llevarlas a cabo. Si miro entre los cajones de mi escritorio, es posible hallar alguno de dichos listados enterrados entre “lo que nunca haré ni lo pretendo”.
Aquella sarta de acciones solían tener en común un único denominador: mezclaban lo urgente y lo importante. Es más, si puntualizo, solía ser lo urgente para los demás y lo importante para mi. ¿Adivinas quienes y qué ganaban la partida? Exacto: ellos y lo urgente. Todas las noches, cuando me estiraba en la cama reventada al final de la jornada laboral, me preguntaba en tono culpabilizador: “¿qué hice en todo el día?” Una respuesta: apagar fuegos.

¿Conoces en qué se diferencia el trabajo de un gerente y el de un bombero?

El gerente es el encargado de dirigir o coordinar una empresa con el objetivo de utilizar eficientemente todos los recursos que tenga a su disposición, obteniendo el máximo beneficio de los mismos. El gerente piensa en el hoy y en el mañana de la organización. Tratando de priorizar en lo importante, aunque alguna vez deba sofocar alguna llama que otra desde la urgencia. En cambio, el bombero vive en continua alerta, está preparado para calzarse sus botas, vestirse con su mono ignífugo y salir pitando con la única intención de extinguir el incendio evitando los máximos daños colaterales que estén su alcance.
Su misión otorga primacía a lo urgente.
¿Cuántas veces, como emprendedores, hemos supeditado nuestra labor de gerentes a la de bomberos? Demasiadas, al menos yo.

Quizás lo hicimos de una forma involuntaria e inconsciente, pero el resultado fue el mismo ya que no modificamos el sumatorio de las circunstacias. Me declaro procrastinadora en ciernes: un diagnóstico al que trato de poner tratamiento.
Los motivos pueden ser múltiples: el desconocimiento ante el qué hacer y cómo llevarlo a cabo, el miedo a salir de mi zona de confort, o a perder la inestable seguridad de lo conocido. Es más, podría excusar mi compulsión a elaborar dichos listados inacabables de “lo urgente” justificando haberlo leído en algún libro, manual o blog especializado en productividad del tiempo. No lo haré, sería echar balones fuera. Ya va siendo hora de jugar el partido.
Toca plantarme, olvidarme de lo que otros esperan y saber lo que quiero. Para ello pretendo marcarme únicamente tres objetivos anuales: un objetivo laboral y dos personales; y priorizar en ellos. Sin distracciones ni cambios de ruta. ¿Te apuntas?
Mi objetivo laboral: apostar por el proyecto de “Supervisión Sexológica “ y darlo todo.
Los objetivos personales: leer cada día estimulando mis neuronas oxidadas y recuperar un cuerpo que perdí por el camino de lo cotidiano. ¿Cuáles serán tus objetivos?

Elijo ser la gerente de mi proyecto y disponer del día en torno a lo importante, sin perder de vista lo urgente. Olvidemos los “porqués” y centrémonos en los “para qués” aunque, eso, ya es harina de otro costal.

Rosa Montaña

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