Renovarse o morir

“Sólo imagina lo precioso que puede ser arriesgarse y que todo salga bien”
Mario Benedetti

No sé si te habrá sucedido en alguna ocasión pero, si te fijas, cuando tu vida entra en “modo caos”, el armario de tu cuarto se sincroniza mágicamente con ella adquiriendo el aspecto de una leonera. Y tan sólo el mero hecho de abrir sus puertas, puede ocasionar un alud de jerséis y pantalones arrugados, o a medio doblar, encima de tu cabeza. Si a ti también te sucede esto, prueba un pequeño truco: saca toda la ropa del armario: TODA (también los complementos) y ponlos encima de la cama, de la silla o tíralos por el suelo: da lo mismo. Date una mañana para ti, no tengas prisas. Busca en el móvil la música que más te relaja, poniéndote los cascos para aislarte del mundanal ruido y poder escuchar mejor todo el contenido de tu interior.

En tu armario tendrás diferentes tipos de prendas: las que usas a diario, las de ocasiones especiales, las que sueñas en volver a ponerte (anhelando recuerdos de la juventud), las que compraste por si acaso algún día te valía (y continúas sin estrenar) y las que alguien te regaló en algún momento y no te gustaron; sin embargo, nunca las cambiaste (por pudor o por dejadez). ¿Preparado? Pues todo fuera.

Ahora, sé practico y piensa lo que de verdad te gusta, lo que quieres ponerte y con lo que te identificas. Del resto de telas es mejor que te deshagas (puedes regalárselas al mejor postor) para dejar de hacer anclajes inanes con objetos materiales. Una vez hayas reorganizado y renovado tu vestidor, llegará el momento de desvincularte de los objetivos que te propusiste en algún momento a lo largo de tu biografía y que actualmente, por lo que sea, no son válidos. Las razones pueden ser múltiples: porque te presionaron terceras personas, por cambios en tu vida personal o laboral, porque los astros así lo querían… el motivo da igual, lo importante es que te dejaron de valer. Me pregunto: ¿para qué querrías seguir manteniéndolos, entonces? Son los cadáveres del sentimiento de culpa por lo que pudo haber sido y nunca llegó a ser.

Si incorporas habitualmente nuevas prendas en tu vestuario, ¿qué te parece introducir nuevos objetivos para tu desarrollo personal y profesional? ¿Has oído hablar de los objetivos SMART?
SMART es un acrónimo que podemos utilizar para renovar tus objetivos. De esta forma, cualquier propósito debería ser:

  • Specifc: específicos y concretos. No es válido que te propongas ser mejor sexólogo, ya que sería un objetivo tan generalizado que no sabrías qué pasos dar para lograrlo, ni que camino tomar frente a un destino tan indefinido. ¿Qué te parece plantearte: “quiero ser mejor sexólogo y para ello voy a leer un libro cada semana sobre el tema, o escuchar dos terapias de supervisión a la semana”?
  • Medibles: ¿qué sucede cuando un paciente al que le preguntas qué tal está, te contesta que está “bien”? ¿Qué significa “bien”? ¿Es mejor “bien” o peor “bien” que la semana pasada? Complicado, ¿no? En cambio, si cuando estoy bien suelo salir a correr una media hora cada día, y en la actualidad he vuelto a practicar el running con una frecuencia de tres días a la semana tras tres meses en el dique seco, ¿sería, entonces, más fácilmente medible? Por supuesto.
  • Alcanzables: si te propones objetivos o retos que sean inalcanzables, lo más probable es que te canses porque al final no obtendrás el premio a tu esfuerzo. A modo de ejemplo: perder treinta kilos de peso con una dieta de 1500 Kcal en dos semanas sería un objetivo inalcanzable. Pero, ¿y si en lugar de en dos semanas, nos proponemos el mismo reto para conseguirlo en diez meses?
  • Retadores: tus objetivos tienen que ser desafíos para ti, algo que te suponga cierta dificultad y te resulte motivador. Así, cuando los alcances por fin, te sentirás muy orgulloso de ti mismo. Una propuesta podría ser: dar una conferencia ante un público compuesto por cien personas, cuando en anteriores ocasiones habían sido grupos de diez o doce participantes. Interesante, ¿verdad?
  • Temporales: debemos marcar bien los y tiempos y la cadencia de los momentos destinados a valorar los objetivos que nos marcamos, para ver qué está funcionando y rectificar o recalcular aquellos aspectos que no van tan bien.

Ahora te toca a ti. Te propongo que te plantees un objetivo SMART laboral para los siguientes tres meses que te acerque a la meta de los sueños que tanto anhelas y, así, vivir de la sexologia. ¿Te atreves?

Será un placer para mí poder leer(l)os

Rosa Montaña

¿Te ha gustado? ¡Compártelo!