Educación sexual a la carta

“El arte de vivir consiste en conservar nuestra personalidad sin que la sociedad se incomode”
Ángel Gavinet

¿Sabes cómo utilizar tus encantos y tus conocimientos para conseguir una cita con el/la director/a del centro escolar o de la institución pública de turno para que pueda comprar tus sesiones educativas y, así, conseguir la oportunidad de mostrar todo lo que vales cómo sexólog@ de cara al inicio del nuevo curso escolar?

¿Tienes un pdf “tipo” que presentas de forma repetida a todos los centros por igual, sin conocer previamente las necesidades especificas del colegio al que ofreces el proyecto, y del que sólo cambias el “remitente” antes de enviarlo por email?

¿Pones el precio al tuntún, y por debajo del valor del mercado, sin saber el número de sesiones de educación sexual que vas a impartir, el número de líneas docentes por curso académico o el número de niños por grupo participante?

Si has contestado que sí a cualquiera de las preguntas, quizás el blog de hoy pueda resultarte interesante. Haciendo una analogía con el tipo de comidas que puedes elegir en un restaurante, divido el tipo de educación sexual que ofertamos, tanto en su calidad de actividad pública como privada, y en cualquiera de su multitud de posibilidades ( ya sea educación sexual en primaria, en secundaria, para AMPAs, para alumnos con diversidad…), de la siguiente manera: plato del día, menú del día, menú buffet y comida a la carta. Antes de entrar a describirlos, quiero que conste en acta que todos me parecen útiles y pueden ser una opción válida, dependiendo de las circunstancias que concurran y las necesidades que puedas ofertarles.

Carta de un restaurante bajo el título: Educación sexual

-Plato del día: ¿alguna vez has estado tan hambriento que, aunque el único plato que podían ofrecerte en el bar de enfrente era un combinado de dos huevos fritos, unos filetes de lomo, unas patatas panaderas y unas hojas de lechuga, te ha parecido el mejor manjar del universo? A mi, esa situación me recuerda a la típica clase que te piden sobre prevención de embarazos no deseados y de infecciones de transmisión genital tras alguna noticia alarmante, con la única intención de intentar apagar los fuegos provocados. Es sólo una hora de docencia y no suele dar para mucho más que para hablar de preservativos y píldoras de emergencia; en cambio, te permite acceder a la dirección o a la jefatura de estudios para que te conozcan. Si te la ofrecen, acéptala y siembra. Quizás puedas recoger su fruto más adelante.

-Menú del día: imagina que entramos en un restaurante que nos ofrece para elegir entre tres primeros y tres segundos (incluyen el postre) a un precio módico y que consigue engañar el hambre que traíamos. Sería algo así como saciarte de tanta información, que estás “full up to here” (expresión que a nuestro castellano podría traducirse como “estar hasta las patas”).
Son presupuestos ajustados de pequeñas subvenciones, de algún AMPA o de alguna Diputación que te permite dar educación sexual con un máximo de tres sesiones (de una hora de duración) con un intervalo de una clase por trimestre, cuando ellos requieran y dónde debes de incorporar al menos una sesión “preventiva”. No creas que no es importante, pero le das mayor valor al hecho de que conozcan qué hacer, cuándo y con quién; y no sólo al cómo lo hacen.
En este formato, quizás pueda resultarte desesperanzador que, al regresar al aula y situarte delante de los pupitres, te des cuenta de que se les ha olvidado todo lo que les dijiste en los dos meses anteriores y que sólo recuerdan aquella anécdota de la que se rieron y a la que tú no diste ninguna importancia. ¡Anímate, quizás quieran repetir todos los años y eso facilite que, a costa de repetir, haya conceptos que grabarán en su memoria a largo plazo! Nunca tires la toalla.

-Menú buffet: ¿has estado alguna vez en un hotel, a la hora punta de las comidas, donde te dicen que el almuerzo es de tipo buffet: puedes comer todo lo que desees, incluso mucho más de lo que tu estómago es capaz de almacenar, debido a que, como ya lo has pagado, es “gratis”? A mi me recuerda a las intervenciones educativas en las que varios profesionales, entre ellos tú y yo como sexólogos, tratamos de hablar a los alumnos de lo mismo (o no tanto) sin coordinación alguna. Estamos corriendo el riesgo de volver medio locos a los chavales porque a base de etiquetar con la palabra “sexo” a demasiados conceptos. Por el bien de los alumnos, deberíamos estar coordinados y no tratar de pisarnos. Todos los profesionales tenemos cabida y podemos hablar desde nuestra especialidad. Así, por ejemplo, los sanitarios ( médicos, enfermeras y matronas) podrían impartir la educación sanitaria acerca de los métodos anticonceptivos, embarazos e infecciones de transmisión genital; y los sexólogos, hablaríamos más de aceptaciones, de rechazos, de las muchas primeras veces, de las identidades, las orientaciones y las rupturas… ¡Hay tantos temas que tratar, que no debería a ser un problema!

-Comida a la carta: ¿me permites decirte que me apasiona este modo de comer? Te permite poder hablar con el camarero y preguntarle sobre sus especialidades, por los matices o peculiaridades que le diferencian de otros restaurantes. De esta manera, te puedes adaptar mejor a tus necesidades culinarias, puedes evitar ciertos ingredientes o atreverte con algún plato novedoso. Por no hablar de que puedes entregarte a la degustación de su plato estrella. ¿Me explico?
Sería, en el ámbito educativo, lo más recomendable. Poder disponer de una cita con los responsables de la formación y escuchar cuáles son sus demandas, sus necesidades, sus condiciones especiales o las diversidades que tiene el centro. Porque nadie mejor que ellos conoce a sus alumnos, ya que hablan con ellos todos los días y te pueden aconsejar.
Este formato nos permitiría ajustar mejor la oferta según tus conocimientos y posibilidades, ofrecer un asesoramiento sexológico más individualizado, programar un material más adecuado a cada rango de edad, etc… Es una docencia personalizada y a la carta. O, ¿acaso vas a poder impartir la misma lección de educación sexual en un aula donde los alumnos tienen ceguera congénita, en otra donde la única lección recibida hasta ahora haya sido un eterno silencio, o en otra donde sus alumnos han recibido, desde primero de primaria, recursos sobre la educación sexual a razón de tres sesiones por año? No, ¿verdad? ¿Comprarías una impresora si fuiste a la tienda a por un televisor?

Atrévete a elegir un formato u otro de educación, incluso elígelos todos. Porque, en el fondo, va a depender más del momento y de la circunstancia.

Pero hazlo ya: los centros organizan su formación al inicio del curso escolar. ¡Suerte!

Rosa Montaña

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