Trucos defensivos frente a los varapalos

“Gobierna tu mente, o ella te gobernará a ti”
Horacio

¿Quién te dijo que fuera a resultar sencillo vivir de tu sueño?, ¿vas a poder evitar cada problema que llame a tu puerta? Te aseguro que no y, es más, espero que ni siquiera lo intentes. Derrocharás demasiada energía y la vas a necesitar para emplearla en otros pormenores.

¿Cuáles son las actitudes que solemos utilizar para solucionar los conflictos? Simplificando mucho, afirmaría que sólo existen tres: la actitud de evitación; la actitud del escondite (al menos, hasta que las aguas se calmen); y la actitud de enfrentamiento, en busca del diálogo.

Las adversidades y los conflictos son el día a día de los emprendedores y de los autónomos. Aunque, si los gestionamos bien, pueden ser utilizados como herramientas para tu crecimiento personal. ¡Ves como es una buena noticia!

Hay dos tipos de mecanismos de defensa: los mecanismos de defensa inmaduros, que propician que el conflicto entre en una espiral de empobrecimiento, bloqueando tus recursos intelectuales y emocionales; y los mecanismos de defensa maduros, que te permiten afrontar los conflictos alejando los focos de tensión.

¿Y cómo puedes alcanzar una defensa madura ante los varapalos del día a día? Pues te aseguro que fácil no es. Y, a menudo, que hay que recurrir a una serie de trucos para conseguirlo. Además, conviene leerlos (incluso releerlos) con cierta frecuencia ya que tendemos a olvidarlos con facilidad.

Imagen de un tablero de ajedrez, con el rey negro caido sobre el tablero

Existen diez claves que yo uso y que pueden resultarte útiles a ti:

1- Conócete mejor. Mírate al espejo y trata de contestar a estas preguntas: “¿quién soy?, ¿quién quiero ser?, ¿qué expectativas tienen los demás de mi? y, ¿qué expectativas tengo yo para mi mismo?”. Nadie te va a conocer mejor de lo que tú te conoces. Nadie. Aunque algunos puedan creer lo contrario. Habrá cualidades de tu carácter que, probablemente, te gusten menos. Si es así, cámbialos y actúa. ¡Cuidado, no confundas lo que quieres ser con lo que haces!
Primero, decide qué quieres ser. Piensa en ello, define tus objetivos y los resultados aparecerán después. Escápate a algún lugar donde puedas camuflarte entre la muchedumbre para que nadie te moleste. Llévate un folio y un bolígrafo: a la vieja usanza. Pon el móvil en “modo avión” para evitar que alguna llamada o algún mensaje te saque de tus quehaceres y escribe todo lo que pienses y sientas. Si conoces tus fortalezas y tus debilidades, podrás anticiparte a las futuras contrariedades.

2- Razona, ve por partes. ¿Te comes una tarta para doce comensales de una sola vez? Imposible, excepto que quieras terminar con un coma hiperosmolar o haciéndote un lavado de estómago. Entonces, ¿por qué quieres solucionarlo todo a la primera? Empieza del mismo modo: trocito a trocito. Así, la digestión te resultará mucho más sencilla.

3- “Pa que te metes si ya lo sabes”. Anticípate y aprende de tus errores para no volver a cometerlos. La mayoría de los conflictos suelen ser cíclicos a lo largo la vida. Por lo que si ya sabes que algo puede molestarte, adelante para gestionarlo. Así no te harán daño.

4- Si no ves la respuesta, cambia de sitio. Suspendí a la primera el examen práctico del carnet de conducir porque conseguí arrancar el coche, con la tercera marcha puesta, en el quinto intento. Se me calaba y se me calaba, una y otra vez. ¡Era desesperante! En vez de poner en punto muerto el cambio de marchas y meter de nuevo la primera, me obcequé y ya conoces el resultado. Prueba un nuevo punto de vista. Suele resultar muy útil. Y si, aún así, sigues sin ver la respuesta, diviértete: mete adrenalina en tu cuerpo, DESCONECTA, haz algo con tus amigos, con tu pareja o con tus hijos. ¡Libera la mente!

5- Reducir la carga emotiva. ¿Te han dejado alguna vez y has creído que tu mundo dejaba de tener sentido?, ¿alguna vez, cuando tus padres te castigaron, pensaste que eras la persona más incomprendida del mundo?, ¿no recibes la llamada de posibles clientes para pedirte una cita y ya te ves durmiendo en algún banco del parque? Es fácil que, ante las adversidades, dramaticemos y nos dejemos llevar por nuestras emociones para llamar la atención, en busca de mimos. Pero, si queremos divisar las soluciones, es preferible no exagerar y tratar de restar el peso de los sentimientos para racionalizar el proceso.

6- Ríete de ti mismo. Te ayudará a quitarle hierro al asunto y a poder hablar del problema sin personalizarlo. ¡Quienes lo logran me dan mucha envidia! ¿A ti no?

7- Ayuda al de enfrente. Hazte altruista. Da por generosidad y sin esperar nada a cambio. Cede, sin que este hecho sea sinónimo de fracaso. No es necesario ganar cada batalla para ganar la guerra. El conflicto tiene una pronta solución cuando los dos bandos ganan.

8- La meta tiene recompensas, pero hay que llegar al final del camino si quieres obtenerlas. ¿Has subido alguna vez una montaña jurando en hebreo pero. al llegar a la cima, te diste cuenta que mereció la pena? Tus éxitos vienen acompañados de adversidades, son compañeros inseparables. Acéptalo y esquiva las piedras del camino. Te prometo que las vistas, a tu llegada, merecerán la pena.

9- Es por mi bien. Todo conflicto te enseña sobre la vida y tú puedes decidir si quieres ver el vaso medio lleno o medio vacío. Búscale alguna finalidad al conflicto, seguro que terminas sacándole provecho y enseñando, con tu experiencia, a otros.

10- Respira, echa el freno de mano y no veas el doble sentido de los hechos. En caliente es más fácil quemarse. Así que no tomes ninguna decisión hasta que no se haya enfriado el ambiente. Tómate tu tiempo, todo el que necesites. Evita leer entre líneas. Si dudas: pregunta. Y si estás en lo cierto, al menos sabrás a qué atenerte antes de entrar en acción.

Repito: cito consejos que yo misma olvido en ocasiones. Por eso, trato de releerlos casi a diario. Recuerda lo que decía Bill Raeder: “el pensamiento es útil cuando provoca una acción, y es un obstáculo cuando sustituye a la acción”. Así que no te bloquees, independientemente de cuál sea la adversidad que llame a tu puerta, y agarra al toro por los cuernos.

Rosa Montaña

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