¿Tienes un minuto para vivir? Aprende a decir que no.

“No recordamos los días: recordamos los instantes”
Cesare Pavese

¿Conoces la expresión “morirte de hambre” en el terreno profesional? ¿Y la expresión “morir de éxito”?

Terminas tu formación con miles de sueños en la mochila y una agenda vacía de citas que sólo quieres llenar con nombres de contactos y sus números de teléfono. Caen las hojas del calendario y las facturas llenan el buzón de tu domicilio: el alquiler, las tarjetas de presentación, el recibo de autónomo… Llevas el móvil contigo como si de tu sombra se tratase, no vaya a ser que suene justo en el preciso instante en que te ausentas al baño. Son esos primeros momentos en los que sólo sueñas con crecer y ampliar horizontes. ¿Pero debes crecer sin límites? El miedo a no lograr tu sueño hace que digas a todo que sí. Aceptas cada charla que te ofrecen, cada cliente que te llama y cada proyecto en el que te involucran. Lo admites todo por temor a perder cualquier oportunidad.

El problema surge cuando, por no saber decir que no, llega un momento en el que ni siquiera tienes un minuto para morirte y te das cuenta de ello. Por ejemplo, cuando un amigo te ofrece tomarte una caña y le contestas: “espera un momento que mire como tengo la agenda”. ¿Qué va a ser lo siguiente?: ¿una petición de tu pareja vía email para disfrutar de una peli en un cine cualquiera?, ¿o un “whatsApp” de tus hijos para que les concedas un abrazo? Vives con el culo apretado y te desplazas en coche porque el minutero no te concede ni un segundo de paz y de tranquilidad. Te olvidas de comer y casi debes escribirte una anotación en tu famosa agenda que te recuerde: ¡carpe diem!

Valora ponerte límites ahora que aún puedes y estás comenzando tu proyecto. Ten claro tus objetivos y tus prioridades, tanto en tu desarrollo personal como en tu desarrollo profesional, y ponle foco. Foco, foco, y foco. ¿Recuerdas la película “Forrest Gump”? Forrest es un niño con grandes talentos (dulzura, lealtad, resiliencia, constancia, fidelidad a sus principios…) que se convierte en un adulto exitoso ya que logra absolutamente todo lo que se propone. Todo. ¿Y sabes por qué? Porque focaliza. Cuando corre, sólo corre. Si juega la ping pong, sólo juega al ping pong. Si juega al fútbol americano, sólo juega fútbol americano…Y así con todo lo que se propone en la vida. Nada ni nadie se interpone en su camino. Se centra en una actividad y no para hasta considerar que ya logró los objetivos que se propuso. Parece sencillo, ¿verdad?. ¿Alguna vez has tratado de terminar un artículo para un blog o el “power point” de alguna conferencia y las interrupciones han sido tantas que has llegado a creer que alguien te miraba por un agujero en la pared de la habitación? Y es que, cada vez que comenzabas a teclear, te volvían a molestar por enésima vez. Pues así podría darte mil ejemplos: cuando tratas de recoger una habitación y, al llevar un objeto al dormitorio adyacente, te das cuenta de que están los zapatos tirados por el suelo así que te entretienes a recogerlos; o cuando, buscando unos apuntes, te topas con un libro magnífico que deseabas leer desde hace mil siglos y te propones comenzar su lectura en ese preciso instante….¿Seguro que estás focalizando?

Insistamos unas migajas más en ello. ¿Qué sucede cuando mi objetivo es dedicarme en exclusividad a realizar terapia de pareja y me ofrecen dar un taller de juguetería erótica por sacar unas perrillas para mis gastos personales? Lo que hemos hecho todos, que aceptamos. Que regalamos un “sí” tras otro en temas que nos alejan de nuestro foco. En principio, podría parecer que es más o menos lo mismo. Pero no lo es ni de lejos, aunque todo se relacione con la sexología. ¿Acaso para un forofo del fútbol es lo mismo ser seguidor del Barça o del Madrid aunque ambos sean magníficos equipos de la máxima categoría de competición?

Entonces, si decides focalizar y concentrar todas tus fuerzas a un único objetivo, ¿por dónde deberías comenzar? Comienza a practicar a decir “no”. Así, cuando tengas que decirlo, no te sentirás culpable ni harás daño a la persona que te lo propuso, siendo asertivo con ella.

Te dejo una pequeña receta. Si mezclas en su justa medida todos los ingredientes, el resultado será un delicioso plato que te permitirá saber a qué decir que sí, cómo decirlo y cuándo decirlo. El primer ingrediente, cuando alguien te realiza una proposición, da igual la que sea, es expresar que lo has comprendido, aclarar cualquier duda, las razones y los objetivos. Después, explica por qué debes negarte a su proposición. Y no termines sin plantear una opción o alguna fórmula alternativa, siempre que sea posible, que resulte adecuada para ambas partes. Pongamos un ejemplo: imagina que te piden la recopilación de toda las investigaciones que tienes recogidas en los dos últimos años sobre los efectos de la testosterona a nivel cerebral; incluso te piden añadir los resúmenes de tales publicaciones, con el objetivo de realizar un metanálisis sobre el tema del que estás escribiendo en tu próximo libro. ¿Qué dirías? No lo sé. Pero sí espero que lo pienses bien antes de dar la respuesta.

En resumen, y a modo de recordatorio: aunque ahora creas que debes decir que sí absolutamente a todo, hazlo sólo en las propuestas que te acercan a tu foco. Aprende a dar el “no” asertivo. Este “no” no deja de ser un acto de respeto hacia ti mismo y hacia los demás. Sé muy rápido en dar un “no” y lento en regalar un “sí”. Y siempre que tengas que dar un “no”, busca otras alternativas.

Para terminar, además de recomendarte que vuelvas a ver la película “Forrest Gump” con ojos de emprendedor, quiero que hoy, cuando tengas cinco minutos para pensar sin interrupciones, leas esta frase que he extraído de la película y la reflexiones: “Aquel día, sin ninguna razón en particular, decidí salir a correr. Corrí hasta el final del camino y, cuando llegué, pensé que tal vez podía correr hasta el final del pueblo. Y, cuando llegué, pensé que tal vez podía correr hasta el condado de Greenbow. Noté que, si había llegado tan lejos, tal vez podía correr hasta el gran estado de Alabama. Corrí derecho hasta el océano. Y, cuando llegué, noté que ya había llegado lejos y que tal vez debía dar la vuelta y continuar corriendo”

FOCO, FOCO Y MÁS FOCO.

Escalones: Pensamiento, sentimiento, acción, resultado

Rosa Montaña

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